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Evaluación de la seguridad alimentaria en los proyectos de desarrollo: por qué es importante la selección de indicadores

Publicado el 21/07/2026 by Sourou Prisciron Zinsou
Prisciron Zinsou

El reto de elegir entre los indicadores de seguridad alimentaria

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) define la seguridad alimentaria como una condición en la que todas las personas, en todo momento, tienen acceso físico, social y económico a alimentos suficientes, seguros y nutritivos que satisfacen sus necesidades dietéticas y les permiten llevar una vida activa y saludable.

La seguridad alimentaria se entiende comúnmente a través de cuatro pilares: disponibilidad, acceso, utilización y estabilidad.

Los evaluadores pueden recurrir a una amplia gama de indicadores y enfoques de evaluación para examinar estas dimensiones. Entre ellos se incluyen la puntuación de consumo alimentario, la puntuación de diversidad dietética de los hogares, la diversidad dietética mínima para las mujeres (MDD-W), el Enfoque Consolidado para la Notificación de Indicadores de Seguridad Alimentaria (CARI), los indicadores antropométricos, el enfoque de «conocimientos, actitudes y prácticas» (KAP), la Escala de Experiencia de Inseguridad Alimentaria y el marco de Medición y Análisis del Índice de Resiliencia (RIMA).

Sin embargo, la disponibilidad de tantas herramientas puede fomentar un «efecto catálogo», en el que los evaluadores seleccionan indicadores que les resultan familiares o de uso generalizado sin examinar primero los objetivos, las actividades y la teoría del cambio de la intervención. Esto puede generar un desajuste entre los resultados sobre los que se espera que influya un proyecto y los cambios que la evaluación mide realmente.

Cuando los indicadores estándar no se ajustan adecuadamente a un proyecto

Los indicadores estandarizados pueden favorecer la coherencia y la comparabilidad, pero no son automáticamente adecuados para todas las intervenciones. Muchos proyectos de desarrollo identifican la seguridad alimentaria como un resultado previsto en sus teorías del cambio. Sin embargo, los documentos del proyecto no siempre especifican en qué pilares de la seguridad alimentaria se espera que influya la intervención ni qué indicadores deben utilizarse en las diferentes etapas del seguimiento y la evaluación.

Cuando falta esta información, los evaluadores y los equipos del proyecto pueden recurrir por defecto a indicadores que les resultan familiares o que se utilizan ampliamente. Como resultado, es posible que estas elecciones no reflejen adecuadamente la naturaleza de las actividades llevadas a cabo ni las vías a través de las cuales se espera que influyan en los resultados de seguridad alimentaria. La selección de indicadores debe comenzar por determinar si se espera que el proyecto influya en:

· Disponibilidad: el suministro de cantidades suficientes de alimentos a través de la producción, las reservas y el comercio;

· Acceso: la capacidad física, social y económica de las personas para obtener alimentos, incluso mediante ingresos adecuados, infraestructuras y mercados que funcionen correctamente;

· Utilización: la capacidad de las personas para consumir y beneficiarse de una dieta nutricionalmente adecuada, respaldada por prácticas adecuadas de preparación y cuidado de los alimentos, agua potable, saneamiento y atención sanitaria

· Estabilidad: la capacidad de mantener la disponibilidad, el acceso y la utilización a lo largo del tiempo a pesar de desastres naturales, crisis económicas, conflictos, variabilidad climática u otras perturbaciones.

Pueden surgir errores y desajustes cuando no se presta suficiente atención a la selección de indicadores durante el diseño del proyecto o la definición del alcance de la evaluación. Las limitaciones de tiempo, los requisitos de presentación de informes, la disponibilidad limitada de datos y la dependencia de herramientas conocidas pueden contribuir a ello. En consecuencia, intentar medir todas las dimensiones de la seguridad alimentaria con el mismo conjunto estándar de herramientas puede dar lugar a conclusiones incompletas o engañosas.

Consideremos un proyecto que pretenda aumentar la disponibilidad de alimentos mediante el incremento del rendimiento de los cultivos alimentarios y mejorar el acceso económico a los alimentos aumentando los ingresos procedentes de los cultivos comerciales o reduciendo el coste de los alimentos para los hogares participantes. En este contexto, los datos antropométricos y las encuestas sobre conocimientos, actitudes y prácticas no medirían, por sí solos, directamente los cambios en la disponibilidad de alimentos o en el acceso económico a los mismos. De hecho, estas herramientas pueden ser más relevantes para las vías relacionadas con la nutrición y la utilización de los alimentos, pero su idoneidad sigue dependiendo de los objetivos del proyecto y de su teoría del cambio.

Del mismo modo, un proyecto de educación nutricional puede requerir medidas de los conocimientos relacionados con la nutrición, las prácticas alimentarias, el consumo de alimentos o la diversidad de la dieta, dependiendo de la vía de cambio prevista. Un proyecto diseñado para mejorar el acceso al agua potable debería utilizar medidas directas del acceso al agua, su calidad, su uso y los resultados relacionados con la salud o la nutrición. En cualquiera de los dos casos, los volúmenes de producción agrícola aportarían poca evidencia sobre si la intervención logró sus objetivos principales.

El coste del error: las consecuencias de una mala selección de indicadores

Un indicador mal elegido puede dar la impresión de que el proyecto ha fracasado, incluso cuando la intervención haya logrado resultados importantes. Al final, esto puede dar lugar a lo que podría describirse como un «falso fracaso»: una conclusión de la evaluación que no refleja los cambios que el proyecto se proponía lograr. Cuando los indicadores están alineados con la teoría del cambio del proyecto y los resultados previstos, la evaluación está en mejores condiciones de detectar e interpretar los cambios que la intervención podría haber producido razonablemente.

Pensemos en un proyecto diseñado para mejorar la alimentación y el estado nutricional de los niños. Si su rendimiento se evalúa principalmente utilizando datos regionales sobre la disponibilidad de cereales, es posible que la evaluación no capte los cambios entre los niños y los hogares participantes. La disponibilidad regional de alimentos puede proporcionar información contextual útil, pero no puede sustituir a los indicadores que reflejan directamente los resultados previstos del proyecto en materia de nutrición. Este tipo de error puede socavar la credibilidad de la evaluación, distorsionar la rendición de cuentas de las partes interesadas y debilitar la toma de decisiones basada en la evidencia y los esfuerzos de promoción.

Selección de indicadores adecuados para la evaluación de la seguridad alimentaria

Un buen indicador no solo es válido o estandarizado: también debe estar alineado con la teoría del cambio del proyecto y con los resultados que la evaluación pretende valorar.

En los proyectos y programas de seguridad alimentaria, la selección de indicadores debe guiarse estrechamente por los resultados previstos del proyecto y la teoría del cambio, garantizando que los indicadores reflejen los cambios que se espera que logre la intervención.

La selección de indicadores debe comenzar desde el inicio de la fase de diseño de los proyectos de desarrollo, cuando se definen los resultados esperados y las diversas vías de cambio en materia de seguridad alimentaria. Identificar los indicadores adecuados en una fase temprana ayuda a garantizar que las evaluaciones midan los resultados sobre los que, de forma realista, se espera que el proyecto ejerza influencia.