En África, los informes de sostenibilidad han pasado de ser un ejercicio voluntario y ambicioso a convertirse en un pilar fundamental de la gobernanza, la financiación del desarrollo y la legitimidad institucional. Los recientes cambios normativos y políticos ilustran claramente esta evolución. El informe King IV de Sudáfrica sobre gobernanza corporativa ha consolidado los principios de la información integrada, mientras que los estándares del Consejo de Normas Internacionales de Sostenibilidad (ISSB, por sus siglas en inglés) están influyendo cada vez más en los sistemas nacionales de divulgación de información en mercados emergentes.
Los expertos que examinan la difusión de los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) en África señalan que los informes de sostenibilidad se está integrando en las estructuras de gobernanza financiera, en lugar de seguir siendo un instrumento periférico de responsabilidad social corporativa. Los gobiernos están sometidos a una presión cada vez mayor para demostrar no solo el cumplimiento fiscal, sino también resultados tangibles en materia social, ambiental y de gobernanza. Las instituciones financieras de desarrollo exigen cada vez más evidencias de los efectos a largo plazo, tal y como se refleja en los marcos sociales y ecológicos del Banco Mundial. Se espera que las empresas y las entidades públicas publiquen informes sobre sostenibilidad, inclusión y riesgo climático, además de sus resultados financieros. En este contexto que evoluciona rápidamente, el sector de la evaluación se enfrenta a una pregunta crucial: ¿Definirá la evaluación los informes de sostenibilidad, o serán definidos por profesionales de la contabilidad, la auditoría y la regulación, ya integrados institucionalmente?
La evaluación corre el riesgo de quedar relegada pese a su relevancia conceptual. No se trata de una acusación contra la comunidad de evaluación. En todo el continente, asociaciones, profesionales y expertos en la evaluación han dedicado años a elaborar directrices éticas, poner en marcha iniciativas de creación de capacidad y construir comunidades de práctica. Sin embargo, los informes de sostenibilidad han evolucionado más rápido que la consolidación profesional en este ámbito. A falta de un mandato profesional claramente definido, otras profesiones bien organizadas están interviniendo para definir estándares y marcos de cumplimiento y reforzar la apropiación institucional.
Los informes de sostenibilidad han dejado de ser un asunto futuro
Los informes de sostenibilidad ya se está incorporando a los sistemas de gobernanza africanos. Las administraciones nacionales, las entidades auditoras, los organismos donantes y los reguladores se están alineando cada vez más con los criterios ESG, los principios de información integrada y los marcos de garantía de sostenibilidad. Por ejemplo, la Bolsa de Johannesburgo exige a las empresas que cotizan en ella aplicar los principios de información integrada del informe King IV. Y las entidades auditoras están ampliando los servicios de garantía de sostenibilidad de conformidad con los estándares del ISSB. A nivel mundial, la Organización Internacional de Comisiones de Valores (IOSCO, por sus siglas en inglés) ha aprobado los estándares de divulgación de información sobre sostenibilidad, consolidando la regulación. Estos marcos se están poniendo en práctica a través de profesiones ya reguladas, acreditadas e integradas en sistemas estatutarios, en particular en organismos de contabilidad y auditoría, como el Instituto sudafricano de contables colegiados (SAICA, por sus siglas en inglés).
Una vez que los informes de sostenibilidad se institucionalizan en los ámbitos de la contabilidad y la auditoría, la autoridad para definir indicadores, metodologías y mecanismos de cumplimiento se suele consolidar. La teoría de las fronteras profesionales —tratada por Abbott en el artículo “The System of Professions”— explica cómo las profesiones aseguran las competencias sobre sus ámbitos de especialización mediante el establecimiento temprano de estándares y su incorporación en regulaciones. Por lo tanto, la colaboración no es motivo de preocupación, sino más bien las competencias. Si los evaluadores no están presentes cuando se definen los indicadores para los informes de sostenibilidad, posteriormente serán invitados como meros colaboradores técnicos. Y no como profesionales en igualdad de condiciones.
Los informes de sostenibilidad son fundamentalmente evaluativos
En esencia, los informes de sostenibilidad tratan sobre resultados, efectos, contribuciones, compensaciones recíprocas, equidad, consecuencias no deseadas y cambios a largo plazo. No se trata simplemente de parámetros cuantitativos, sino de cuestiones evaluativas. Un análisis contable y financiero puede confirmar si las cifras son exactas y si se han seguido los procesos correspondientes, pero no puede explicar por qué se han producido los resultados, a quiénes han afectado o si eran socialmente deseables. No puede examinar las dinámicas de poder, el contexto, la causalidad o las consecuencias éticas.
Por el contrario, la evaluación está diseñada precisamente para eso. Incorpora razonamientos de la teoría del cambio, el análisis contextual, la participación de las partes interesadas, la indagación con métodos mixtos y el juicio ético a intervenciones complejas. En contextos africanos caracterizados por la desigualdad, la informalidad, la injusticia histórica y la capacidad estatal desigual, estas dimensiones son esenciales. Los enfoques basados en filosofías de evaluación africanas como Made in Africa Evaluation hacen hincapié en la rendición de cuentas relacional, la capacidad de respuesta contextual y los puntos de vista de la comunidad. Los estudios sobre evaluación culturalmente sensible resaltan más si cabe la necesidad de enmarcar los indicadores en la realidad. Si en los informes de sostenibilidad predominan lógicas basadas en el cumplimiento, África corre el riesgo de aprobar sistemas técnicamente sólidos pero socialmente distantes que socavan el aprendizaje y la legitimidad.
El déficit de profesionalización
A pesar de su solidez conceptual, la profesionalización de la evaluación en África continúa siendo desigual. A diferencia de otros ámbitos como la contabilidad o la ingeniería, la evaluación se caracteriza por vías de acceso fragmentadas y una acreditación inconsistente. Los estudios comparativos sobre profesionalización de la evaluación señalan que la evaluación se enfrenta a dificultades en materia de consolidación normativa y protección del estatus profesional a nivel mundial. Numerosos profesionales provienen de disciplinas afines que no comparten un marco normativo común. Si bien esta diversidad enriquece intelectualmente la evaluación, puede debilitar su autoridad institucional.
La profesionalización no solo está relacionada con la capacitación. Tiene que ver también con el reconocimiento de las competencias. Las profesiones adquieren autoridad cuando definen quién está cualificado para ejercerlas, qué estándares rigen y cómo se abordan las conductas inapropiadas. Por ejemplo, en contabilidad, el reconocimiento estatutario a través de organismos como el SAICA proporciona autoridad legal y legitimidad en los mercados. Si bien las asociaciones de evaluación son influyentes, suelen carecer de fundamentos estatutarios equivalentes. En este sentido, la evaluación está aún “poniéndose al día”. No en lo que respecta a la capacidad intelectual, sino en lo relativo a competencias profesionales debidamente formalizadas.
Por qué ahora la rapidez es más importante que la perfección
La cultura de la evaluación suele priorizar la deliberación y el consenso. En la práctica son virtudes. Pero en el ámbito profesional son desventajas. Los ministerios de Hacienda, las entidades auditoras, los bancos de desarrollo y los organismos normativos mundiales están ultimando los marcos de informes de sostenibilidad. Se están asignando funciones e incorporando mandatos.
Si las asociaciones de evaluación esperan a profesionalizarse antes de reivindicar sus competencias, habrán perdido esta oportunidad. Los análisis históricos de la formación de fronteras profesionales muestran que quienes actúan con rapidez asumen un papel influyente en el control institucional a largo plazo (Abbott, 1988). Una vez que los estándares se recogen en instrumentos normativos, revisar las competencias resulta complicado a nivel político y jurídico. Quienes reivindican las fronteras profesionales son aquellos que toman la iniciativa, no quienes esgrimen mejores argumentos.
El contexto africano requiere que la evaluación asuma un papel de liderazgo
Los contextos africanos refuerzan esta necesidad. Las intervenciones de desarrollo se suelen llevar a cabo en entornos complejos caracterizados por la informalidad, el solapamiento de instituciones y una desigualdad profunda. Los indicadores cuantitativos no pueden captar estas dinámicas por sí solos. Tampoco las plantillas globales estandarizadas pueden reflejar las relaciones de poder locales o los legados históricos.
La evaluación basada en las filosofías africanas reconoce conceptos como la contribución en lugar de la atribución, los enfoques participativos y la responsabilidad comunitaria. Los estudios sobre gobernanza basados en el ubuntu —una antigua filosofía africana—ponen de relieve la ética relacional y los principios de responsabilidad compartida, directamente relevantes para los informes de sostenibilidad. Si la evaluación no asume un papel protagonista, los informes de sostenibilidad corren el riesgo de convertirse en otro marco de cumplimiento impuesto externamente que satisface las necesidades de los inversores internacionales, pero no las de las comunidades locales.
La profesionalización como protección del interés público
La profesionalización no debe confundirse con elitismo. En contextos africanos influidos por el legado colonial y las asimetrías de poder arraigadas los estándares profesionales pueden proteger el interés público. Permiten a los evaluadores cuestionar el ecoblanqueamiento superficial e insistir en los puntos de vista de las partes interesadas. Contar con estándares sólidos empodera a los profesionales para cuestionar teorías de cambio débiles e indicadores inadecuados.
Sin esa autoridad, los evaluadores corren el riesgo de verse relegados por aquello que resulte más cómodo para los responsables. La profesionalización se convierte así en una salvaguardia frente al cariz tecnocrático de los informes de sostenibilidad.
¿Qué significa realmente actuar con rapidez?
Actuar con rapidez es actuar con decisión. En primer lugar, las asociaciones de evaluación deben incluir explícitamente a los informes de sostenibilidad e impacto como partes esenciales de su ámbito profesional. En segundo lugar, deben acelerar los esfuerzos de acreditación y reconocimiento formal. En tercer lugar, deben interactuar con las administraciones nacionales, las entidades auditoras y los reguladores de igual a igual.
Por último, las asociaciones deben elaborar una narrativa africana convincente para los informes de sostenibilidad, centrada en la equidad, la inteligencia contextual y la transformación a largo plazo. Por ejemplo, los informes de sostenibilidad podrían incluir información sobre la equidad en la distribución, los procesos de participación y las dimensiones de las consecuencias sociales no deseadas, actualmente marginal en las plantillas de criterios ESG. Al incorporar estas dimensiones evaluativas desde el principio, la profesión aseguraría sus competencias.
Un momento decisivo para la evaluación en África
Los informes de sostenibilidad influirán en la gobernanza y la rendición de cuentas durante décadas. La evaluación posee los instrumentos y los fundamentos éticos para asumir un papel de liderazgo. Pero únicamente lo logrará si consolida rápidamente su autoridad profesional. Las asociaciones africanas de evaluación han sentado las bases mediante la creación de capacidad y marcos éticos. Ahora la tarea consiste en establecer las fronteras.
Si la evaluación no se profesionaliza de forma decidida y no hace valer sus competencias en materia de informes de sostenibilidad, no será excluida por maldad, sino que quedará relegada por mera conveniencia. La elección es clara: profesionalizarse, actuar con rapidez y liderar, o contemplar cómo los informes de sostenibilidad pasan a ser competencia de otros.