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Más allá de los títulos académicos: por qué los sistemas de evaluación están fallando a los evaluadores jóvenes

Publicado el 09/07/2026 by JACKLINE MUSUYA
Jackline Musuya

En todo el sur global se está produciendo una situación paradójica: los evaluadores jóvenes están más cualificados que nunca, pero muchos de ellos siguen sin tener acceso a puestos de liderazgo y espacios de toma de decisiones.

El número de evaluadores emergentes con una formación de alto nivel, competencias técnicas y amplia experiencia es cada vez mayor. Contribuyen de manera significativa a evaluaciones complejas, habitualmente en sectores fundamentales para el desarrollo sostenible, como la salud pública, la agricultura y la resiliencia climática. Sin embargo, su influencia sobre las prioridades, los métodos y los procesos de toma de decisiones continúa siendo por lo general limitada.

No se trata de una cuestión de capacidad. Es un problema sistémico.

Las discusiones recientes de la comunidad de evaluación entre ellos el foro de 2026 sobre los jóvenes en la evaluación (Youth in Evaluation Forum 2026) y el seminario web sobre títulos académicos y profesionalización en la evaluación (Beyond Degrees: Rethinking Careers and Professionalisation in Evaluation) han puesto de relieve una preocupación recurrente: el progreso de los evaluadores jóvenes no se suele ver limitado por su capacidad individual, sino por los obstáculos estructurales.

Repensar el discurso de las carencias de competencias

Durante años, los esfuerzos por fortalecer la evaluación se han centrado en el desarrollo de capacidades por medio de títulos académicos, programas de formación y certificaciones. Estas inversiones continúan siendo importantes, pero no explican completamente los motivos por los cuales muchos evaluadores jóvenes cualificados siguen teniendo dificultades para progresar

Muchos de ellos tienen posgrados, utilizan métodos mixtos y contribuyen a evaluaciones complejas y multisectoriales. Sin embargo, su representación en puestos de liderazgo y espacios de toma de decisiones continúan siendo muy limitada.

Esto sugiere que el desafío no reside únicamente en el desarrollo de competencias, sino también en cómo se estructuran estas y de qué manera acceden los jóvenes a oportunidades profesionales.

Obstáculos invisibles en el ecosistema de la evaluación

Las experiencias de los evaluadores jóvenes revelan un conjunto coherente de limitaciones estructurales:

Selección y contratación basadas en la experiencia

Los sistemas de contratación y selección suelen priorizar la experiencia frente a las competencias. Esto crea un círculo vicioso: los evaluadores jóvenes no pueden adquirir experiencia sin oportunidades, pero tampoco pueden acceder a estas sin experiencia previa.

Trayectorias profesionales fragmentadas

A diferencia de profesiones más consolidadas, la evaluación suele carecer de vías de progresión claras y definidas. Muchos jóvenes profesionales siguen desempeñando funciones básicas o de apoyo, sin una ruta definida para asumir responsabilidades de mayor nivel.

Dependencia excesiva de títulos académicos y certificaciones

Los títulos académicos y las certificaciones suelen considerarse indicadores principales de competencia, a pesar de que gran parte de la experiencia en el ámbito de la evaluación se adquiere en su mayor parte a través de la práctica.

Mentoría y patrocinio limitados

El acceso a la formación se ha ampliado, pero las oportunidades estructuradas de mentoría y patrocinio continúan siendo limitadas. Sin ellas, los evaluadores jóvenes suelen tener dificultades para crear redes profesionales, tener mayor visibilidad y acceder a funciones de liderazgo.

La “trampa del asistente”

Muchos sistemas incorporan a jóvenes profesionales para desempeñar funciones de recopilación de datos o realizar tareas de apoyo a la investigación. Sin embargo, no se les incluye en el diseño de la evaluación, la adopción de decisiones metodológicas o las discusiones con los beneficiarios, ni tampoco se facilita su transición hacia estas funciones. Como consecuencia, las oportunidades para desarrollar habilidades de liderazgo e influir en los procesos de evaluación continúan siendo limitadas.

Estos desafíos reflejan la estructura de la profesión, que en última instancia determina quiénes progresan y qué perspectivas se valoran.

Por qué es importante para el desarrollo sostenible

Cuando se excluye a los evaluadores jóvenes competentes de los espacios de liderazgo y definición de la agenda, el sector corre el riesgo de perder perspectivas fundamentales, en particular aquellas arraigadas en el ámbito local, específicas de cada contexto y orientadas al futuro. El resultado es una desconexión cada vez mayor entre las capacidades disponibles en la profesión y las oportunidades para aplicarlas.

En un mundo que evoluciona rápidamente, los sistemas de evaluación deben transformarse para generar evidencias, pero también para garantizar que estas reflejen puntos de vistas diferentes y realidades diversas. Para las organizaciones que trabajan en el ámbito de los sistemas alimentarios, la tierra y el agua, esto resulta especialmente importante. La evaluación debe ser capaz de reflejar las realidades de las comunidades que se enfrentan al estrés climático, la inseguridad alimentaria y los cambios medioambientales. Por lo tanto, reforzar las vías de acceso para los evaluadores jóvenes no solo afecta a su desarrollo profesional, sino que contribuye también a construir sistemas de evaluación más arraigados en el contexto local, adaptables y relevantes para el desarrollo sostenible.

De la participación al poder

Se han logrado avances notables a la hora de ampliar la participación de los jóvenes en la evaluación. Plataformas como EvalYouth y las redes regionales de evaluación han facilitado el acceso a conferencias, espacios de aprendizaje y experiencia sobre el terreno.

Sin embargo, la inclusión de los jóvenes evaluadores continúa siendo superficial en la mayoría de los casos. Desempeñan funciones de recopilación de datos, pero no definen las preguntas de investigación. Asisten a foros, pero no determinan las agendas.

Para ir más allá de una inclusión simbólica, es necesario crear oportunidades para que los evaluadores jóvenes:

  • Dirijan actividades y líneas de trabajo de evaluación
  • Contribuyan al diseño metodológico y la toma de decisiones

Un desafío sistémico, más que un problema de talento

Para abordar estos restos, no solo es necesario ampliar el acceso a la formación. También se deben modificar la estructura de las carreras profesionales, el reconocimiento de la experiencia y la distribución y acceso a las oportunidades de liderazgo.

En última instancia, el desafío no es una mera cuestión de capacidad. Aunque la formación sigue siendo importante, por sí sola no puede abordar los obstáculos institucionales y estructurales que dificultan la adquisición de experiencia, el aumento de la visibilidad y el acceso a oportunidades de liderazgo en la profesión.

Los evaluadores jóvenes ya contribuyen de forma significativa a la práctica de la evaluación. El verdadero desafío radica en la rapidez con la que la profesión logra adaptarse para aprovechar mejor su talento