Tradicionalmente, la evaluación se percibe como un ejercicio retrospectivo destinado a analizar los resultados de un proyecto o una política pública tras su puesta en marcha. Sin embargo, en un contexto marcado por la incertidumbre y la creciente complejidad de las intervenciones públicas, la evaluación está evolucionando progresivamente hacia un enfoque más prospectivo, orientado a la anticipación y la mejora continua.
En primer lugar, la evaluación orientada al futuro se basa en la integración de mecanismos de aprendizaje. Ya no se trata únicamente de juzgar los resultados pasados, sino también de identificar las lecciones aprendidas con el fin de mejorar el diseño y la ejecución de las acciones futuras. Este enfoque favorece una gestión adaptativa de los proyectos y programas.
En segundo lugar, la evaluación prospectiva se basa en el uso de herramientas de anticipación, como los análisis de escenarios, los estudios de impacto ex ante y la modelización de riesgos. Estos instrumentos permiten informar la toma de decisiones en una fase temprana y orientar las políticas públicas hacia resultados sostenibles.
Por otra parte, la evaluación orientada al futuro fomenta el seguimiento en tiempo real y la evaluación continua. Gracias a los sistemas de información y a los indicadores de rendimiento, es posible ajustar las intervenciones a medida que se van implementando. Esta dinámica refuerza la capacidad de respuesta y la eficacia de los proyectos.
Por último, la dimensión prospectiva de la evaluación implica una mayor participación de las partes interesadas. La implicación de los beneficiarios, los responsables de la toma de decisiones y los expertos permite identificar las necesidades futuras, anticipar los retos y construir soluciones adaptadas.
En definitiva, pasar de una evaluación retrospectiva a una evaluación prospectiva consiste en transformar la evaluación en una verdadera herramienta de apoyo a la toma de decisiones. De este modo, se convierte en una palanca estratégica que permite no solo analizar el pasado, sino sobre todo preparar el futuro y mejorar de forma sostenible la acción pública.
RE: From Hindsight to Foresight: How Evaluation Can Become Future-Informed
Senegal
Amy MARA
Economiste et Specialiste en Passation de Marché
Direction de la Dette Publique
Publicado el 25/03/2026
Tradicionalmente, la evaluación se percibe como un ejercicio retrospectivo destinado a analizar los resultados de un proyecto o una política pública tras su puesta en marcha. Sin embargo, en un contexto marcado por la incertidumbre y la creciente complejidad de las intervenciones públicas, la evaluación está evolucionando progresivamente hacia un enfoque más prospectivo, orientado a la anticipación y la mejora continua.
En primer lugar, la evaluación orientada al futuro se basa en la integración de mecanismos de aprendizaje. Ya no se trata únicamente de juzgar los resultados pasados, sino también de identificar las lecciones aprendidas con el fin de mejorar el diseño y la ejecución de las acciones futuras. Este enfoque favorece una gestión adaptativa de los proyectos y programas.
En segundo lugar, la evaluación prospectiva se basa en el uso de herramientas de anticipación, como los análisis de escenarios, los estudios de impacto ex ante y la modelización de riesgos. Estos instrumentos permiten informar la toma de decisiones en una fase temprana y orientar las políticas públicas hacia resultados sostenibles.
Por otra parte, la evaluación orientada al futuro fomenta el seguimiento en tiempo real y la evaluación continua. Gracias a los sistemas de información y a los indicadores de rendimiento, es posible ajustar las intervenciones a medida que se van implementando. Esta dinámica refuerza la capacidad de respuesta y la eficacia de los proyectos.
Por último, la dimensión prospectiva de la evaluación implica una mayor participación de las partes interesadas. La implicación de los beneficiarios, los responsables de la toma de decisiones y los expertos permite identificar las necesidades futuras, anticipar los retos y construir soluciones adaptadas.
En definitiva, pasar de una evaluación retrospectiva a una evaluación prospectiva consiste en transformar la evaluación en una verdadera herramienta de apoyo a la toma de decisiones. De este modo, se convierte en una palanca estratégica que permite no solo analizar el pasado, sino sobre todo preparar el futuro y mejorar de forma sostenible la acción pública.
Sra. Amy MARA
Economista y especialista en contratación pública
Doctoranda en gestión de proyectos