Me gustaría retomar la conversación de la semana pasada con una breve reflexión extraída de Evaluation and the Transformational Imperative, de Scott Chaplowe y Joyce Mukoma (véase el archivo adjunto). Su argumento principal es sencillo, pero importante. La magnitud de las crisis actuales implica que la evaluación no puede seguir ligada a una mentalidad de «seguir como siempre» si quiere respaldar la agenda transformadora más amplia reflejada en los ODS. Definen el cambio transformador no como una mejora incremental, sino como un cambio profundo y sistémico en el funcionamiento de un sistema.
Lo que me parece especialmente útil es que el artículo no presenta la transformación como un único método nuevo. En su lugar, se pregunta qué es lo que frena la evaluación. Señala cuatro fijaciones habituales: 1) la fijación en los proyectos, 2) la fijación temporal, 3) la fijación cuantitativa y 4) la fijación en la rendición de cuentas. En otras palabras, la evaluación se queda atrapada con demasiada frecuencia en proyectos lineales, plazos de financiación cortos, lógicas basadas en métricas y una rendición de cuentas orientada al cumplimiento.
Scott y Joyce sugieren entonces varias vías para avanzar… métodos adaptativos a la complejidad, evaluación centrada en principios, nuevos criterios transformadores, ciencia de datos y paradigmas alternativos, incluidas las perspectivas indígenas y feministas.
Así que, para esta semana, me gustaría preguntar: «Si la evaluación ha de contribuir a la transformación, ¿qué es exactamente lo que debe cambiar primero… nuestros métodos, nuestros criterios, nuestras instituciones, nuestra mentalidad subyacente o algo más?».
RE: From Hindsight to Foresight: How Evaluation Can Become Future-Informed
Kenya
Steven Lynn Lichty
Managing Partner
REAL Consulting Group
Publicado el 30/03/2026
Bienvenidos a la segunda semana
Me gustaría retomar la conversación de la semana pasada con una breve reflexión extraída de Evaluation and the Transformational Imperative, de Scott Chaplowe y Joyce Mukoma (véase el archivo adjunto). Su argumento principal es sencillo, pero importante. La magnitud de las crisis actuales implica que la evaluación no puede seguir ligada a una mentalidad de «seguir como siempre» si quiere respaldar la agenda transformadora más amplia reflejada en los ODS. Definen el cambio transformador no como una mejora incremental, sino como un cambio profundo y sistémico en el funcionamiento de un sistema.
Lo que me parece especialmente útil es que el artículo no presenta la transformación como un único método nuevo. En su lugar, se pregunta qué es lo que frena la evaluación. Señala cuatro fijaciones habituales: 1) la fijación en los proyectos, 2) la fijación temporal, 3) la fijación cuantitativa y 4) la fijación en la rendición de cuentas. En otras palabras, la evaluación se queda atrapada con demasiada frecuencia en proyectos lineales, plazos de financiación cortos, lógicas basadas en métricas y una rendición de cuentas orientada al cumplimiento.
Scott y Joyce sugieren entonces varias vías para avanzar… métodos adaptativos a la complejidad, evaluación centrada en principios, nuevos criterios transformadores, ciencia de datos y paradigmas alternativos, incluidas las perspectivas indígenas y feministas.
Así que, para esta semana, me gustaría preguntar: «Si la evaluación ha de contribuir a la transformación, ¿qué es exactamente lo que debe cambiar primero… nuestros métodos, nuestros criterios, nuestras instituciones, nuestra mentalidad subyacente o algo más?».