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RE: From Hindsight to Foresight: How Evaluation Can Become Future-Informed

Amy MARA

Senegal

Amy MARA

Economiste et Specialiste en Passation de Marché

Direction de la Dette Publique

Publicado el 17/04/2026

Buenos días,

Querida Silva:

Tu análisis resulta muy pertinente y invita a una reflexión en profundidad, en particular sobre la necesidad de replantearse la finalidad de la evaluación más allá de la mera lógica del cumplimiento.

La reflexión propuesta plantea una cuestión fundamental y pertinente: la de la finalidad real de la evaluación. En efecto, si la evaluación se reduce a una función de conformidad, se limita a verificar si las acciones llevadas a cabo se ajustan a las previsiones iniciales, sin cuestionar realmente su pertinencia, su impacto o su capacidad de adaptación a las realidades cambiantes.

Desde esta perspectiva, la introducción de métodos prospectivos en una evaluación encerrada en una lógica de conformidad parece insuficiente. Incluso corre el riesgo de reproducir los mismos esquemas, al proyectar simplemente en el futuro hipótesis ya fijadas, sin cuestionar los marcos de análisis. Así, anticipar el futuro sin transformar la finalidad de la evaluación equivale a prolongar un enfoque retrospectivo bajo otra forma.

Por lo tanto, la cuestión central pasa a ser la transformación del papel de la evaluación. Ya no se trata únicamente de confirmar un plan, sino de cuestionar las hipótesis que lo sustentan, identificar las discrepancias entre las intenciones y los resultados y, sobre todo, acompañar la toma de decisiones en contextos inciertos. Una evaluación orientada al futuro debe ser una herramienta de aprendizaje, adaptación e innovación.

Liberar a la evaluación de la obligación de confirmar el plan implica varios cambios importantes. En primer lugar, aceptar que los programas puedan evolucionar en función de las realidades sobre el terreno. A continuación, integrar enfoques más flexibles, como la evaluación en tiempo real o el aprendizaje adaptativo. Por último, reconocer que la evaluación puede arrojar resultados críticos, a veces en contradicción con los objetivos iniciales.

Sin embargo, esta transformación no está exenta de retos. Supone un cambio de cultura institucional, en el que los responsables de la toma de decisiones acepten la incertidumbre y el cuestionamiento. También requiere capacidades técnicas reforzadas y una mayor apertura a la participación de las partes interesadas.

En conclusión, la evaluación solo podrá integrar verdaderamente una dimensión prospectiva si se libera de su función estrictamente normativa. Debe evolucionar hacia un papel estratégico, orientado al aprendizaje y la anticipación, para responder mejor a los retos complejos y dinámicos de las políticas públicas.

Amy MARA

Economista

Dakar, Senegal