Stephanie, gracias por esta profunda reflexión. Lo que más me ha llamado la atención de tu comentario es que la evaluación suele ser más eficaz a la hora de validar lo que se ha logrado, pero mucho menos cuando se trata de valorar lo que perdurará, y casi no dice nada sobre lo que está a punto de fracasar.
Creo que esto pone de manifiesto una de las mayores incomodidades profesionales de la evaluación. A menudo tratamos la incertidumbre como una amenaza para el rigor, cuando en sistemas complejos como los climáticos, medioambientales y de economía circular, ignorar la incertidumbre puede ser la mayor debilidad metodológica. Un juicio retrospectivo bellamente fundamentado puede seguir siendo estratégicamente inútil si no es capaz de indicar a los responsables de la toma de decisiones dónde el sistema se está volviendo frágil.
Tu descripción de la revisión intermedia como «el último momento creíble para cambiar de rumbo» es especialmente conmovedora. Con demasiada frecuencia, las revisiones intermedias se convierten en ejercicios de rendición de cuentas superficiales... ajustar las calificaciones, ordenar el marco lógico, recomendar más coordinación... pero si las tomáramos en serio como momentos de prospectiva, podrían convertirse en puntos de inflexión estratégicos en los que los programas se someten a pruebas de resistencia antes de que el fracaso se consolide.
Lo vi muy claramente en una reciente evaluación de prospectiva estratégica de UNICEF que llevé a cabo... en la que tuvimos que ampliar los criterios del CAD de la OCDE más allá de su orientación retrospectiva habitual. La pertinencia pasó a ser no solo «¿está esto alineado ahora?», sino «¿seguirá siendo pertinente en condiciones futuras plausibles?». La coherencia pasó a referirse a la adecuación institucional futura. La eficacia tuvo que tener en cuenta la capacidad de adaptación, no solo los resultados obtenidos. La sostenibilidad se volvió explícitamente condicional, es decir, ¿en qué condiciones políticas, financieras, organizativas y sociales se mantendrá este modelo?
Para mí, lo sugerente es que quizá la evaluación más útil no sea aquella que ofrece el juicio más seguro sobre el pasado, sino aquella que revela con mayor honestidad dónde es probable que el futuro rompa las hipótesis del programa. En ese sentido, la evaluación informada por el futuro no debilita el juicio evaluativo... lo hace más valiente (¿podemos hablar de una evaluación más valiente?).
RE: From Hindsight to Foresight: How Evaluation Can Become Future-Informed
Kenya
Steven Lynn Lichty
Managing Partner
REAL Consulting Group
Publicado el 29/04/2026
Stephanie, gracias por esta profunda reflexión. Lo que más me ha llamado la atención de tu comentario es que la evaluación suele ser más eficaz a la hora de validar lo que se ha logrado, pero mucho menos cuando se trata de valorar lo que perdurará, y casi no dice nada sobre lo que está a punto de fracasar.
Creo que esto pone de manifiesto una de las mayores incomodidades profesionales de la evaluación. A menudo tratamos la incertidumbre como una amenaza para el rigor, cuando en sistemas complejos como los climáticos, medioambientales y de economía circular, ignorar la incertidumbre puede ser la mayor debilidad metodológica. Un juicio retrospectivo bellamente fundamentado puede seguir siendo estratégicamente inútil si no es capaz de indicar a los responsables de la toma de decisiones dónde el sistema se está volviendo frágil.
Tu descripción de la revisión intermedia como «el último momento creíble para cambiar de rumbo» es especialmente conmovedora. Con demasiada frecuencia, las revisiones intermedias se convierten en ejercicios de rendición de cuentas superficiales... ajustar las calificaciones, ordenar el marco lógico, recomendar más coordinación... pero si las tomáramos en serio como momentos de prospectiva, podrían convertirse en puntos de inflexión estratégicos en los que los programas se someten a pruebas de resistencia antes de que el fracaso se consolide.
Lo vi muy claramente en una reciente evaluación de prospectiva estratégica de UNICEF que llevé a cabo... en la que tuvimos que ampliar los criterios del CAD de la OCDE más allá de su orientación retrospectiva habitual. La pertinencia pasó a ser no solo «¿está esto alineado ahora?», sino «¿seguirá siendo pertinente en condiciones futuras plausibles?». La coherencia pasó a referirse a la adecuación institucional futura. La eficacia tuvo que tener en cuenta la capacidad de adaptación, no solo los resultados obtenidos. La sostenibilidad se volvió explícitamente condicional, es decir, ¿en qué condiciones políticas, financieras, organizativas y sociales se mantendrá este modelo?
Para mí, lo sugerente es que quizá la evaluación más útil no sea aquella que ofrece el juicio más seguro sobre el pasado, sino aquella que revela con mayor honestidad dónde es probable que el futuro rompa las hipótesis del programa. En ese sentido, la evaluación informada por el futuro no debilita el juicio evaluativo... lo hace más valiente (¿podemos hablar de una evaluación más valiente?).