Las limitaciones de financiación suponen hoy en día un gran reto para las organizaciones humanitarias y de desarrollo, especialmente en contextos en los que las necesidades de la población no dejan de aumentar.
Sobre el terreno, la reducción de los recursos puede provocar una disminución de la frecuencia de las evaluaciones, una recopilación de datos menos exhaustiva y dificultades para garantizar un seguimiento regular de los beneficiarios y de los resultados de las intervenciones. Sin embargo, en los ámbitos de la seguridad alimentaria, la resiliencia climática, la agroecología y la gestión de catástrofes, es esencial disponer de datos fiables para orientar las decisiones y garantizar que los recursos disponibles respondan realmente a las necesidades de las comunidades.
En mi opinión, la solución no consiste en suprimir o debilitar las funciones de evaluación, sino en promover enfoques más estratégicos, participativos y adaptados a los recursos disponibles. Esto implica, en particular, reforzar las capacidades locales, utilizar herramientas digitales accesibles para la recogida y el análisis de datos, poner en común los recursos entre organizaciones e integrar el seguimiento, la evaluación y el aprendizaje desde la fase de concepción de los proyectos.
También es esencial dar prioridad a indicadores pertinentes, valorar los conocimientos de las comunidades y velar por que los resultados de las evaluaciones se utilicen efectivamente para mejorar las intervenciones.
En definitiva, la evaluación no debería considerarse un coste adicional, sino una inversión estratégica que permite mejorar la eficacia de los programas, la rendición de cuentas ante las poblaciones y el impacto sostenible de las acciones, incluso en épocas de restricciones financieras.
RE: Evaluation under pressure : Strengthening evidence use, accountability and learning amidst funding constraints (Joint EvalforEarth-ALNAP discussion)
Côte d'Ivoire
JEAN EUDES NGUESSAN BEUGRE
Consultant
Publicado el 13/10/2026
Las limitaciones de financiación suponen hoy en día un gran reto para las organizaciones humanitarias y de desarrollo, especialmente en contextos en los que las necesidades de la población no dejan de aumentar.
Sobre el terreno, la reducción de los recursos puede provocar una disminución de la frecuencia de las evaluaciones, una recopilación de datos menos exhaustiva y dificultades para garantizar un seguimiento regular de los beneficiarios y de los resultados de las intervenciones. Sin embargo, en los ámbitos de la seguridad alimentaria, la resiliencia climática, la agroecología y la gestión de catástrofes, es esencial disponer de datos fiables para orientar las decisiones y garantizar que los recursos disponibles respondan realmente a las necesidades de las comunidades.
En mi opinión, la solución no consiste en suprimir o debilitar las funciones de evaluación, sino en promover enfoques más estratégicos, participativos y adaptados a los recursos disponibles. Esto implica, en particular, reforzar las capacidades locales, utilizar herramientas digitales accesibles para la recogida y el análisis de datos, poner en común los recursos entre organizaciones e integrar el seguimiento, la evaluación y el aprendizaje desde la fase de concepción de los proyectos.
También es esencial dar prioridad a indicadores pertinentes, valorar los conocimientos de las comunidades y velar por que los resultados de las evaluaciones se utilicen efectivamente para mejorar las intervenciones.
En definitiva, la evaluación no debería considerarse un coste adicional, sino una inversión estratégica que permite mejorar la eficacia de los programas, la rendición de cuentas ante las poblaciones y el impacto sostenible de las acciones, incluso en épocas de restricciones financieras.