Este debate sobre «La evaluación bajo presión» plantea un reto fundamental: la necesidad de seguir generando datos pertinentes, útiles y oportunos a pesar de la disminución y la incertidumbre de los recursos. Para responder directamente a la pregunta sobre las «adaptaciones y soluciones prácticas» que permitan hacer frente a estas limitaciones de financiación, me gustaría destacar el papel estratégico de la digitalización de las prácticas de evaluación.
En un contexto de recortes presupuestarios, la transición a las evaluaciones digitales permite reducir drásticamente los costes logísticos (desplazamientos, encuestas en papel) al tiempo que amplía la cobertura geográfica de la recogida de datos.
Un ejemplo concreto e inspirador es el del Ministerio de Juventud y Educación Cívica de Camerún. Para superar los retos relacionados con los recursos limitados, hemos adoptado prácticas de seguimiento y evaluación en línea con el fin de recopilar en tiempo real los datos de nuestros servicios, que se extienden por los 360 distritos del país.
Este enfoque digitalizado ha tenido un doble impacto:
- la actualización continua de los indicadores: los datos recopilados en línea sirven para alimentar de forma fiable y rápida los indicadores de rendimiento de los distintos programas del ministerio;
- el ajuste operativo: los servicios operativos sobre el terreno se basan en esta información para ajustar sus acciones y actuar de forma concreta con vistas a la consecución de los objetivos relacionados con dichos programas.
Más allá de la mera eficiencia económica, esta transición digital transforma profundamente las dinámicas de aprendizaje y rendición de cuentas inherentes al seguimiento y la evaluación. Por un lado, la trazabilidad y la accesibilidad casi instantánea de los datos refuerzan la transparencia y la rendición de cuentas ante las partes interesadas, al permitir demostrar rápidamente cómo los recursos (aunque sean limitados) generan impacto. Por otro lado, cataliza el aprendizaje organizativo continuo: gracias a ciclos de retroalimentación mucho más cortos, los responsables de la toma de decisiones y los equipos sobre el terreno ya no tienen que esperar al final de un ciclo de proyecto para extraer lecciones. Pueden identificar los retos estructurales y reajustar sus estrategias de intervención en tiempo real.
En conclusión, la digitalización no sustituye al rigor metodológico, pero constituye una innovación concreta para mantener la utilidad de la evaluación y reforzar su integración en la toma de decisiones estratégicas, garantizando así que la evaluación siga siendo una herramienta de gestión dinámica en lugar de un mero ejercicio de cumplimiento a posteriori, incluso cuando los presupuestos se ven sometidos a una fuerte presión.
RE: Evaluation under pressure : Strengthening evidence use, accountability and learning amidst funding constraints (Joint EvalforEarth-ALNAP discussion)
Cameroon
LEANDRE KOUOTOU NGOUCHEME
Président exécutif
Association HI-LIFE
Publicado el 21/10/2026
Este debate sobre «La evaluación bajo presión» plantea un reto fundamental: la necesidad de seguir generando datos pertinentes, útiles y oportunos a pesar de la disminución y la incertidumbre de los recursos. Para responder directamente a la pregunta sobre las «adaptaciones y soluciones prácticas» que permitan hacer frente a estas limitaciones de financiación, me gustaría destacar el papel estratégico de la digitalización de las prácticas de evaluación.
En un contexto de recortes presupuestarios, la transición a las evaluaciones digitales permite reducir drásticamente los costes logísticos (desplazamientos, encuestas en papel) al tiempo que amplía la cobertura geográfica de la recogida de datos.
Un ejemplo concreto e inspirador es el del Ministerio de Juventud y Educación Cívica de Camerún. Para superar los retos relacionados con los recursos limitados, hemos adoptado prácticas de seguimiento y evaluación en línea con el fin de recopilar en tiempo real los datos de nuestros servicios, que se extienden por los 360 distritos del país.
Este enfoque digitalizado ha tenido un doble impacto:
- la actualización continua de los indicadores: los datos recopilados en línea sirven para alimentar de forma fiable y rápida los indicadores de rendimiento de los distintos programas del ministerio;
- el ajuste operativo: los servicios operativos sobre el terreno se basan en esta información para ajustar sus acciones y actuar de forma concreta con vistas a la consecución de los objetivos relacionados con dichos programas.
Más allá de la mera eficiencia económica, esta transición digital transforma profundamente las dinámicas de aprendizaje y rendición de cuentas inherentes al seguimiento y la evaluación. Por un lado, la trazabilidad y la accesibilidad casi instantánea de los datos refuerzan la transparencia y la rendición de cuentas ante las partes interesadas, al permitir demostrar rápidamente cómo los recursos (aunque sean limitados) generan impacto. Por otro lado, cataliza el aprendizaje organizativo continuo: gracias a ciclos de retroalimentación mucho más cortos, los responsables de la toma de decisiones y los equipos sobre el terreno ya no tienen que esperar al final de un ciclo de proyecto para extraer lecciones. Pueden identificar los retos estructurales y reajustar sus estrategias de intervención en tiempo real.
En conclusión, la digitalización no sustituye al rigor metodológico, pero constituye una innovación concreta para mantener la utilidad de la evaluación y reforzar su integración en la toma de decisiones estratégicas, garantizando así que la evaluación siga siendo una herramienta de gestión dinámica en lugar de un mero ejercicio de cumplimiento a posteriori, incluso cuando los presupuestos se ven sometidos a una fuerte presión.