Doy las gracias a EvalforEarth y ALNAP por haber iniciado este debate, en el que quiero compartir tres lecciones extraídas de más de veinticinco años de experiencia. Este tema afecta directamente a las administraciones de los países socios, que encargan o reciben evaluaciones en un momento en que sus recursos se están reduciendo.
1. Evaluar menos, pero mejor. Las restricciones presupuestarias obligan a elegir. Una evaluación que responda a tres preguntas útiles para la toma de decisiones es mejor que una evaluación que cumpla todos los criterios del CAD sin contar con los recursos suficientes. Hay que elegir las preguntas junto con los responsables de la toma de decisiones, desde la fase de concepción, y no añadirlas al final del proyecto.
2. Aprovechar los datos que ya existen. Las administraciones generan muchos datos rutinarios, pero a menudo no se aprovechan lo suficiente. Una evaluación que se base en estos sistemas resulta más económica. Además, refuerza los sistemas existentes en lugar de crear recopilaciones paralelas que desaparecen con el proyecto.
3. Proteger la honestidad de la evaluación. Cuando la financiación escasea, existe la tentación de publicar solo los resultados positivos. Eso sería un grave error. Los fracasos documentados suelen ser lo más útil para los proyectos posteriores. Los donantes tienen un papel que desempeñar: deben demostrar que un diagnóstico de fracaso bien analizado no supondrá automáticamente la pérdida de la financiación.
Por último, el aprendizaje no debería limitarse al informe. Una presentación breve y específica, dirigida a los servicios técnicos y a las organizaciones profesionales, cuesta poco y resulta mucho más útil que los voluminosos informes que nadie lee.
RE: Evaluation under pressure : Strengthening evidence use, accountability and learning amidst funding constraints (Joint EvalforEarth-ALNAP discussion)
Senegal
Diene Ndiaye
Consultant
Expert
Publicado el 21/10/2026
Doy las gracias a EvalforEarth y ALNAP por haber iniciado este debate, en el que quiero compartir tres lecciones extraídas de más de veinticinco años de experiencia. Este tema afecta directamente a las administraciones de los países socios, que encargan o reciben evaluaciones en un momento en que sus recursos se están reduciendo.
1. Evaluar menos, pero mejor. Las restricciones presupuestarias obligan a elegir. Una evaluación que responda a tres preguntas útiles para la toma de decisiones es mejor que una evaluación que cumpla todos los criterios del CAD sin contar con los recursos suficientes. Hay que elegir las preguntas junto con los responsables de la toma de decisiones, desde la fase de concepción, y no añadirlas al final del proyecto.
2. Aprovechar los datos que ya existen. Las administraciones generan muchos datos rutinarios, pero a menudo no se aprovechan lo suficiente. Una evaluación que se base en estos sistemas resulta más económica. Además, refuerza los sistemas existentes en lugar de crear recopilaciones paralelas que desaparecen con el proyecto.
3. Proteger la honestidad de la evaluación. Cuando la financiación escasea, existe la tentación de publicar solo los resultados positivos. Eso sería un grave error. Los fracasos documentados suelen ser lo más útil para los proyectos posteriores. Los donantes tienen un papel que desempeñar: deben demostrar que un diagnóstico de fracaso bien analizado no supondrá automáticamente la pérdida de la financiación.
Por último, el aprendizaje no debería limitarse al informe. Una presentación breve y específica, dirigida a los servicios técnicos y a las organizaciones profesionales, cuesta poco y resulta mucho más útil que los voluminosos informes que nadie lee.
Diène NDIAYE, ingeniero pesquero, Senegal