Publicado el 28/10/2025
Agradezco esta conversación tan interesante e importante. Valoro la oportunidad de contribuir y espero con interés escuchar perspectivas diversas e ideas adicionales. A continuación, comparto algunas reflexiones sobre este tema:
La comunicación eficaz es fundamental para el éxito de una evaluación. Debe ir más allá de la simple difusión de informes. Las estrategias de comunicación deben concebirse como una herramienta dinámica que promueva activamente el aprendizaje, la participación y el uso de los resultados de la evaluación a lo largo de todo el proceso.
1. Planificar la comunicación desde el inicio
Es fundamental elaborar un plan de comunicación claro desde las primeras etapas del proceso de evaluación. Por ejemplo, el plan puede incluir la interacción con las partes interesadas mediante la entrega de resúmenes informativos sobre lo que pueden esperar o el uso de herramientas visuales para acordar los resultados clave con el equipo del proyecto. Las herramientas de comunicación interactivas fomentan el diálogo y la colaboración, especialmente con los expertos técnicos que pueden no estar familiarizados con la evaluación o con audiencias especializadas.
2. Involucrar a las partes interesadas durante todo el proceso
Involucrar a los actores desde el inicio mediante talleres, grupos focales u otros eventos específicos fortalece el sentido de apropiación. Por ejemplo, incluir las voces de los beneficiarios o aplicar métodos participativos en la recolección y presentación de datos genera confianza y aumenta la credibilidad de los hallazgos.
3. Utilizar herramientas innovadoras y multicanal
Las herramientas de comunicación innovadoras como los pódcast, los foto-relatos, las publicaciones en redes sociales o las páginas web interactivas permiten llegar a diferentes públicos y contextos, garantizando que los mensajes sean atractivos y accesibles. Por ejemplo, los videos cortos o las infografías pueden hacer que los hallazgos sean más convincentes y fáciles de compartir, especialmente en plataformas digitales, ampliando su alcance e impacto.
Principales desafíos para integrar la comunicación en la evaluación
1. El calendario
Uno de los desafíos principales es integrar las actividades de comunicación de manera coherente a lo largo del proceso de evaluación. La comunicación no debe ser una reflexión posterior, sino estar incorporada desde la planificación hasta la difusión. Sin embargo, muchas evaluaciones se llevan a cabo en plazos limitados, lo que dificulta su integración adecuada.
2. Limitaciones de recursos y capacidades
La comunicación eficaz requiere tiempo, habilidades y recursos adecuados. Muchos evaluadores y organizaciones carecen de especialistas en comunicación o formación en comunicación estratégica. En consecuencia, los esfuerzos de comunicación suelen ser insuficientes o inconsistentes, reduciendo su efectividad.
3. Diversidad de las necesidades de los actores
Los diferentes públicos tienen necesidades y niveles de compromiso distintos. Por ejemplo, los responsables de la toma de decisiones prefieren resúmenes ejecutivos breves, mientras que el personal de campo y los beneficiarios buscan informes más detallados. Equilibrar estas necesidades y gestionar las expectativas puede resultar difícil.
4. Comunicación de resultados sensibles
Comunicar resultados no tan positivos exige diplomacia y sensibilidad. Generar confianza mediante la participación temprana de las partes interesadas en la revisión de los hallazgos es clave. Los resultados sensibles o negativos deben presentarse de manera constructiva, destacando las oportunidades de mejora en lugar de centrarse en las críticas o los errores del pasado.
Italy
Serdar Bayryyev
Senior Evaluation Officer
FAO
Publicado el 25/03/2026
Gracias por iniciar esta importante discusión. Para facilitar el diálogo, me gustaría compartir algunas reflexiones.
El mundo de hoy enfrenta desafíos sin precedentes en materia de cambio climático, seguridad alimentaria, sostenibilidad ambiental y una creciente fragilidad derivada de conflictos y crisis relacionadas. Los programas de desarrollo agrícola operan en un contexto marcado por la volatilidad, la incertidumbre, la complejidad y la ambigüedad.
Tradicionalmente, la función de evaluación se ha centrado principalmente en la rendición de cuentas retrospectiva, midiendo el desempeño pasado frente a planes, objetivos y metas predeterminadas. Si bien este enfoque es valioso, en el contexto de cambios acelerados de hoy, a menudo no genera perspectivas relevantes ni mensajes claros e impactantes. Las evaluaciones que valoran la pertinencia, la eficacia y la sostenibilidad con base en las condiciones del momento del diseño pueden ofrecer reflexiones precisas sobre acciones pasadas, pero brindan una orientación limitada para la toma de decisiones futuras.
Cuando los procesos de evaluación se basan exclusivamente en referencias históricas, corren el riesgo de pasar por alto tendencias emergentes y desafíos futuros. Por ejemplo, un programa diseñado para mejorar los rendimientos de los cultivos en función de un escenario climático específico puede perder relevancia si los patrones climáticos cambian de manera imprevista. Del mismo modo, un proyecto evaluado como sostenible en las condiciones actuales podría resultar vulnerable ante presiones futuras. Esta brecha pone de relieve la necesidad de metodologías de evaluación que sean prospectivas y capaces de interactuar con futuros plausibles.
Diversas organizaciones ya integran la prospectiva en sus prácticas: el Programa Mundial de Alimentos (PMA) ha incorporado enfoques informados por la prospectiva en sus programas de Acción Anticipatoria, lo que permite respuestas más proactivas ante las crisis alimentarias. Organizaciones como el GEF y el CGIAR están explorando cómo evaluar mejor la resiliencia a largo plazo y los impactos sistémicos en sus inversiones ambientales y agrícolas. La FAO publicó recientemente un informe que busca inspirar acciones estratégicas para transformar los sistemas agroalimentarios en sistemas sostenibles, resilientes e inclusivos. Este informe (accesible aquí: https://www.fao.org/global-perspectives-studies/fofa/en/) explora tres escenarios diferentes para el futuro de la alimentación y la agricultura, basados en tendencias alternativas para factores clave como el crecimiento y la distribución del ingreso, el crecimiento demográfico, el progreso técnico en la agricultura y el cambio climático.
La prospectiva estratégica debe sustentarse en un conjunto de herramientas y enfoques accesibles para abordar este desafío. Si bien se han desarrollado diversas herramientas y métodos, la orientación práctica sobre su aplicabilidad sigue siendo limitada. Muchos evaluadores carecen de formación en métodos de prospectiva. Para aprovechar todo el potencial de la prospectiva en la evaluación, son esenciales varios pasos:
En una era de cambios sin precedentes, la evaluación debe evolucionar de un espejo retrospectivo a una brújula prospectiva. La integración de métodos de prospectiva en los procesos de evaluación puede mejorar las valoraciones de pertinencia, sostenibilidad e impacto sistémico, apoyando en última instancia programas que sean resilientes y adaptables frente a la incertidumbre.
Con la expectativa de continuar estas discusiones y el aprendizaje compartido sobre este importante tema.
Atentamente,
Serdar Bayryyev,
Oficial Superior de Evaluación Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO)